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TAN SóLO UN PERO LE PONGO A LA NUEVA PAREJA REAL

El pasado 28 de noviembre se dio a conocer al mundo entero que el Príncipe de la Realeza Inglesa, Enrique, segundo hijo del Príncipe Carlos y de la nunca olvidada Princesa Diana, se comprometía en matrimonio con la actriz estaunidense Meghan Markle. La pareja aparece en una fotografía de medio cuerpo que fue tomada en el Jardín Hundido (Sunken Garden) del Palacio Real de Kensington, donde a la vez que anunciaban oficialmente su compromiso, el Príncipe Enrique entregaba a Meghan el anillo de compromiso, “que fue diseñado por él mismo, el cual cuenta con dos brillantes que pertenecían a su madre, la fallecida princesa Diana”.

El príncipe Enrique, que se encuentra en el quinto lugar de la línea de sucesión al trono británico, ya se había comprometido con Meghan desde principios del pasado noviembre; sin embargo, fue hasta fines del mismo que lo dieron a conocer al mundo entero.

Dan pocos datos en relación a su prometida, tales como los nombres de sus padres, que cuenta con 36 años de edad, él de tan sólo 33, que creció en California, y en los últimos años residió en Toronto mientras filmaba la serie Suits. Además, se menciona que estuvo casada con el actor Tregelson, del cual se divorció en el 2013. Agregando que la pareja se conoció a través de amigos comunes en esta ciudad, Toronto, me supongo, se enamoraron y “mantuvieron su romance en secreto durante varios meses hasta que el príncipe lo confirmó en noviembre pasado cuando su novia había sido blanco de ataques racistas en las redes sociales y la prensa sensacionalista”.

Bueno, el caso es que hasta el pasado noviembre se da a conocer al mundo entero. En la primera nota, aparece que contraerán nupcias el “primer semestre del 2018 en una fecha aún no definida”. Sin embargo, en una nota que aparece al día siguiente, ya se anuncia que las nupcias serán en mayo del 2018 y será en el Castillo de Windsor, según informes del Palacio de Kensigton.

No se dan a conocer más datos de la contrayente y yo, como gineco-obstetra, me interrogo: ¿Tendría algún hijo de su primer matrimonio? Y otros datos que tan sólo con una buena historia clínica sería posible conocer.

Físicamente, vemos en las fotos periodísticas que se trata de una mujer muy bella, como tan sólo la vemos de medio cuerpo, me da la impresión de que está algo pasada de peso, aunque por el atuendo que viste, pudiera estar equivocado, le lleva tres años al príncipe, sin embargo, esto no tiene importancia para que, como en todos los “cuentos de hadas”, se pronostique… “Y vivieron muy felices”. No obstante, como menciono en el título de este artículo: Tan sólo un pero le pongo, en este caso: “su edad”.

Es muy cierto que en las últimas décadas del siglo pasado y mucho más en las casi dos décadas del presente siglo, un buen número de mujeres, dado que ya con mente más abierta están posponiendo para mucho más tarde el tema de la maternidad, es muy satisfactorio que ya es más frecuente que se preparen, que luchan por una licenciatura en cualquiera de las tantas que actualmente se les ofrece. En el medio que conozco, como es el médico, infinidad de mujeres, lograda la licenciatura en medicina, luchen no tan sólo por una especialidad, sino también hasta por una y a veces hasta dos subespecialidades, y para cuando lo logran, ya se encuentran muy por arriba de los treinta años, prácticamente ya se les agotaron los años ideales para satisfacer ese instinto innato de la maternidad, aun cuando lo pudieran lograr, pero ya con algo más de riesgos. Un buen número de ellas, solteras o casadas, no importa, lo logran durante los años del internado, o bien, cuando están realizando alguna especialidad, acto que celebro que lo hagan, ya que cuanto más le pasen a los treinta años, se pueden enfrentar a una “esterilidad primaria”, que en muchos casos se puede subsanar. Lo negativo es que después de terminar los estudios de postgrado todavía se quieren dar el “lujo” de esperarse “algunos años más” mientras se establecen con un buen consultorio y hacerse de una “nutrida clientela, que pudieran pensar que las estaban esperando para ponerse en sus manos”.

Es más fácil, desde el punto de vista obstétrico, que una niña de 12 o trece años y que en ellas aparece su “primera regla” (menstruación) se embarace a la primera relación sexual, y que lamentablemente lo estamos viendo a granel todos los días, que una mujer por arriba de los treinta años, que en muchos de los casos no lo logra hasta que se ponen en manos de algún especialista, conocidos como Biólogos de la reproducción.

Este es el pero que le pongo a la futura esposa del Príncipe Enrique, que ya pasa los 35 años y que no va ser fácil, nada fácil, que logre un embarazo espontáneo durante los, digamos, primeros seis meses de matrimonio. Y si en cualquier matrimonio, por plebeyo que sea, es tan importante la llegada de un primer hijo, imagínense, sobre todo las mujeres, el compromiso tan grande que va a contraer Meghan Markle a partir de mayo del 2018: dar a la realeza un hijo, sobre todo varón, aunque éste ya no tenga ninguna posibilidades de ocupar a futuro el de ser Rey de Inglaterra (Diciembre del 2017).

  Por: Dr. Leonel Rodríguez R.

Más información en https://www.elsiglodetorreon.com.mx

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