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“Antes de decir que no se puede, hay mil razones para decir que sí se debe”. Jorge Ramos – Leonel Rodríguez R.

Juan Recaredo, en su columna “Las palabras tienen la palabra”, con el título: “Nada de nombres raros, por favor”, publicada el de abril del 2016, nos dice: “Cuando una pareja recibe la noticia de que va a tener un bebé, generalmente se pone muy contenta, empieza a preguntarse si va a ser niño o niña y a pensar qué nombre le van a poner”.

Con las avances de la tecnología y entre ellos, el ultrasonido que vino a revolucionar la medicina en todas las especialidades, encontramos que prácticamente antes de las veinte semanas ya se le puede informar a la feliz pareja, sin lugar a dudas, el sexo del bebé en formación, lo que ayuda a la pareja a decidir con mucha anticipación el nombre que eligirán para el mismo.

“El Registro Nacional de la Población en México hizo una recopilación de los nombres más frecuentes entre los mexicanos de 1930 al 2008 y los resultados han sido muy reveladores. El nombre más popular entre las mujeres es Ma. Guadalupe, y entre los hombres, el de José Luis. Después, vienen otros como el de María, Juana, María del Carmen, Margarita, Elizabeth, Alejandra, Leticia, María Elena y Gabriela para las damas, y Juan, Miguel Ángel, José, Francisco, Jesús, Antonio, Alejandro, Pedro, Juan Carlos y Manuel, para los caballeros”.

Es poco frecuente que el nombre de “María” se imponga como único nombre; sin embargo, en la mayoría de los casos, antecede a la mayoría de los demás nombres: María Gloria, María Guadalupe, Ma. del Refugio, tan sólo por mencionar algunos ejemplos. En el caso de los varones, a grosso modo, observo que es frecuente hacer la combinación bien sea del nombre de Jesús y/o bien de José. Es muy importante que al registrar a la nueva bebé, a la cual se le registrará con el nombre de María, ya bien sea sin ningún otro nombre, estar seguro de que así quedará escrito en el Acta de Nacimiento.

En la actualidad, se ha sabido de problemas al escribir tan sólo el nombre de Ma. y cualquier otro nombre que se agregue, es importante señalar a la que tome los datos que desean que el nombre quede registrado con el nombre completo de MARÍA y el otro nombre que se desee agregar.

Ya prácticamente no se observa que los nuevos matrimonios se apeguen al santoral como lo hacían sobre todo nuestros abuelos y bisabuelos, sin embargo, todavía se aprecia que se empleen nombres de nuestros antepasados, pero más melodiosos; se menciona que el nombre que se le imponga a un bebé influirá notablemente en el futuro tanto social como emocional a futuro, y por qué no decirlo, hasta del éxito que pudiera tener a futuro en la actividad o profesión que elija, o bien, marcarlos negativamente para toda su vida. El primogénito de mis padres se registró con el nombre de Enemencio, pues así se llamaba el abuelo materno. Recuerdo que familiares lo nombraban con el nombre de “Menchito”, o bien, “Mencho”. Estoy seguro de que esto le ocasionó muchos problemas emocionales, tal vez nunca protestó, pero cuando ya tenía 52 años de edad, realizó los trámites legales correspondientes, acudiendo al Registro Civil de nuestra población natal, y en una “Nota Marginada” en su acta de nacimiento fechada el 9 de junio de 1984, cambió a tan sólo Nemecio, en lugar de Nemesio, que fue con el nombre que se escribía en todos los documentos legales que se llevaban a la práctica.

Esto no impidió que al paso de los años diera su nombre, ya modificado, al segundo de sus hijos, aunque combinado con el de Samuel Nemesio, primer nombre del abuelo materno; años después, Samuel Nemesio registra con estos mismos nombres a su tercer hijo: Samuel Nemesio. Aun cuando ya es un adulto, casado recientemente en los Estados Unidos, ignoro si seguirá con la tradición.

  Por: Dr. Leonel Rodríguez R.

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