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Una obra poética hecha tango

Considerado un gran poeta, el argentino Homero Manzi no publicó libro alguno pero en su lugar dejó más de 200 letras de canciones, tangos y milongas de calidad poética irremplazable, por las que ahora es recordado a 110 años de su natalicio, que se cumplirá este miércoles 1 de noviembre.

Homero Nicolás Manzione Prestera vio la primera luz en 1907, en la provincia de Santiago del Estero, en el norte de Argentina, pero a los pocos años se trasladó a Buenos Aires, donde pasó su infancia y adolescencia en barrios humildes y periféricos, entre lo urbano y lo rural.

De acuerdo con información del portal “radionacional.com.ar”, fue justo esa experiencia en la capital argentina lo que lo marcó toda su vida, al retratar el paisaje de esos barrios suburbanos en muchos de los tangos que compuso, pues con sólo nueve años repartió sus horas de estudio con sus andanzas por el barrio de Boedo.

En 1921, con 14 años, produjo su primera canción, el vals “Porque no me besas”, sin embargo, fue hasta 1933 que comenzó a tener gran prestigio entre sus colegas por obras como “Milonga sentimental” y “Milonga de 900″, que fueron llevadas a disco por el máximo exponente del “tango canción” de la primera mitad del siglo XX, Carlos Gardel.

El sitio electrónico de “esquinahomeromanzi.com.ar” señala que símbolo de la cultura urbana de los años 40, Manzi también incursionó en la redacción de diversos medios gráficos, como la revista “Radiolandia” o el “Diario Crítica”, además de haber creado la revista “El micrófono”

Para 1937 comenzó con su labor como guinista y director de cine, faceta en la que entre sus obras más celebres destacan “La guerra gaucha” (1942), “El viejo Hucha” (1942), “Donde mueren las palabras” (1946), “Pobre mi madre querida” (1948), “El último payador” y “Escuela de campeones” (1950).

A la par de dichas actividades, agrega el portal “nacionalypopular.com”, también se desarrolló su militancia política y gremial, y comenzó su participación entusiasta en el radicalismo, lo cual lo llevó a resistir en la Facultad de Derecho (en la que era docente) el golpe militar encabezado por Uriburu en 1930, postura que le valió la expulsión de la Universidad.

También con el objetivo de preservar los ideales revolucionarios de Hipólito Yrigoyen, fundó al lado de Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Luis Dellepiane y Gabriel del Mazo, la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), semillero de la corriente de pensamiento nacional y popular.

Cuentan que en su afán por trabajar en defensa de los artistas y autores nacionales, fundó además Autores Unidos de la República Argentina y Artistas Argentinos Asociados, al lado de Francisco Petrone, Enrique Muiño y Sebastián Chiola, y de 1948 hasta su muerte presidió la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC).

Se le recuerda por grandes clásicos como “Milonga sentimental”, “Milonga del 900″ y “Milonga triste”, que escribió con el pianista Sebastián Piana; también fueron autores de tangos prominentes como “El pescante” y “De barro”, y de un vals de singular belleza: “Paisaje”, sin olvidar a “Viejo ciego”, cuyas notas, posteriores al poema fueron puestas por Piana y Cátulo Castillo.

Su trabajo con Aníbal Troilo marcó uno de los puntos más altos de la cancionística tanguera con los citados “Barrio de tango” y “Sur”, la cual basta para describir a Homero Manzi como un hombre de Buenos Aires, con amor a su tierra y con la convicción de que la tradición es la fuente natural para la fisonomía de un pueblo. También figuran de esa época “Che Bandoneón”, “Discepolín” y “Romance de barrio”.

La crítica coincide en que construyó una obra inigualable junto a los principales músicos de su época, con títulos como “Una lágrima tuya” con Mariano Mores, “Fuimos” con José Dames, “Malena”, “Solamente ella”, “Mañana zarpa un barco” y “Tal vez será mi alcohol” (que la censura obligaría a convertir en “Tal vez será su voz”) con Lucio Demare.

Una obra de gran valor literario, además de músical y que describe socialmente una época.

“Recién” con Osvaldo Pugliese, “Fruta amarga” y “Después” con Hugo Gutiérrez, “Ninguna” con Fernández Siro, “Monte criollo” con Francisco Pracánico, “Abandono” con Pedro Maffia, “Fueye” con el cantor Charlo, “Mano blanca” con Antonio De Bassi y “El último organito” con su hijo Acho, entre más de 170 piezas publicadas.

“En lugar de ser hombre de letras he decidido hacer letras para los hombres” es una frase que legó a la posteridad, junto con cientos de poemas tangueros a los que dio vida, hasta el día de su muerte, el 3 de mayo de 1951, a consecuencia del cáncer.

Cortesía

Uno de los grandes

El especialista Julio Nudler, dice que Manzi encarna, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango. Fue un poeta que no publicó ningún libro de poesías. El medio de su poética fue siempre la canción, desde los motivos camperos hasta la música urbana, en la que alcanzó su mayor realización. De esa manera gozó de inmensa popularidad, sin renunciar nunca a sus convicciones de poeta. Apeló a la metáfora, incluso surrealista, pero no avanzó demasiado por ese camino, que quizás hubiera dificultado la comprensión de su mensaje por el hombre común. No utilizó el lunfardo (argot de Buenos Aires) para expresarse, pese al compromiso popular de su obra literaria.

Clásicos

Algunas obras de Homero Manzi son considerados clásicos:

⇒ Milonga sentimental.

⇒ Viejo ciego.

⇒ Mañana zarpa un barco.

⇒ El último organito.

⇒ Tal vez será mi alcohol.

⇒ Barrio de tango.

⇒ Donde mueren las palabras.

Más información en https://www.elsiglodetorreon.com.mx

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1401610.una-obra-poetica-hecha-tango.html

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