Un hombre en busca de [...]

cultura
Saúl Rosales, de oficio testigo

Un hombre en busca de sabiduría consultó a una familia de sabios (madre, padre e hijo) acerca de cómo obtener dicha riqueza. Las respuestas que le dieron fueron, en resumen: es difícil, es sencillo y es tan difícil o tan sencillo como quieras que sea.

No se sabe si aquel hombre consiguió su propósito, sin embargo, de la anécdota es posible extraer conclusiones como: el interés por el saber, el respeto hacia las figuras que portan un conocimiento superior o la multiplicidad de respuestas plausibles a una misma pregunta.

La estampa detallada de un hecho cualquiera, ya sea en tres o tres mil líneas, permite determinar en menor o mayor medida el contexto que lo produjo, la mentalidad de la época, aspectos culturales dominantes en un individuo determinado, el autor, así como en las personas a las que, en un momento dado, cede el uso de la voz escrita.

El testimonio inmediato de un suceso es tarea del cronista y mientras mejor sea la traslación del hecho atestiguado al papel, más luz recibirá el historiador cuando se halle buscando en el cuarto neblinoso del pasado.

Pensamientos así son los que resultan de entrevistar a Saúl Rosales, escritor torreonense y Miembro Correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua con motivo de su más reciente libro: Cronistas, historiadores y crónicas.

Nada más empezar, el poeta y narrador invita a visualizar a la ciudad como un organismo en constante transformación al que le interesa llevar el registro cotidiano de su devenir. Esa debiera ser, afirma, el tema de los cronistas de todo tipo, sean o no oficiales.

Para el miembro de la AML es indispensable repensar la labor de la prensa y, en particular, la pertinencia de reintegrar a su oferta cotidiana al género de la crónica. Al hablar de prensa, el narrador se refiere en particular al periodismo escrito, ya que gracias a sus medios se facilita disponer de fuentes directas.

“La crónica de hoy es el mensaje para la historia del futuro. Cuando en 2030 se escriban cosas sobre Torreón va a ser fácil para el historiador recuperar y dar una mejor imagen de lo que es hoy día, si existe crónica. Es decir, si existe este texto que registra lo inmediato, lo que está correspondiendo a nuestras circunstancias y a nuestro momento”, comenta.

Saúl Rosales coincide a medias con la opinión de la historiadora y narradora Sara Sefchovich, quien hace un par de semanas declaró que la crónica es, en conjunto, frente a novelas y poemarios, lo mejor de la literatura mexicana.

En el siglo XIX, dice el autor de Memoria del plomo, se hicieron crónicas de lo más valioso, al grado que los textos de ese género de Guillermo Prieto son mejores que su poesía. Lo mismo ocurre con las crónicas de Ignacio Manuel Altamirano frente a Clemencia o Navidad en las montañas. Francisco Zarco, sigue, hizo un periodismo espléndido, unas crónicas maravillosas, mientras que José Joaquín Fernández de Elizardi tiene crónicas quizá mucho más digeribles que El Periquillo Sarmiento.

“Son cronistas, pero los tenemos en la historia de la literatura más como novelistas o como poetas”, remata. En su opinión sobre el siglo XX, la novela se impone con nombres como Pedro Páramo de Juan Rulfo, Al filo del agua de Agustín Yáñez o Palinuro de México de Fernando del Paso.

En cuanto a las características que debe reunir el cronista, la principal es la agudeza, se requiere de ella para percibirla, por ejemplo, en cuestiones como la popularidad del uso de la barba o las ruidosísimas cortinillas de las emisoras de radio o la transición de un pueblo de una estación del año a otra.

“Un cronista percibe esto y lo refleja en sus escritos”, complementa.

En cuanto a la expresión, es necesario que en ella aparezcan las voces de los tiempos que corren. Investido en su faceta de cronista, el autor explica que por estos días prolifera como plaga la frase “lo que tiene que ver”, y trasladar ese aspecto de la inmediatez también es indispensable porque el testigo de vista también lo es de oídos, gusto, tacto y olfato.

La crónica, en suma, requiere, además de una rica sensibilidad, capacidad imaginativa y expresiva por parte de quien la elabora para reflejar la época, la entorno, para dejarle servido el preparado diario de una sociedad al historiador del futuro que va a divulgar la manera de vivir de un tiempo.

La distinción entre crónica y narración literaria es clara, comenta, lo que nos da el novelista a largo plazo, el cronista nos lo da en plazo inmediato. El narrador habla de cómo era la gente en cierto momento, el testigo del presente nos dice cómo es la gente en este momento.

Con éstas y otras lecciones, Saúl Carrillo perfila tres tipos de crónica: una fría que sólo relata los hechos y su cronología; otra matizada por el subjetivismo que permite la tarea periodística, y una tercera vía, hecha por un escritor, no como parte de una novela, sino por el gozo de recrear la inmediatez.

“Con agudeza de escritor nos hace ver nuestro entorno con todo lo que implica”, concluye.

Reinstaurar este género en las páginas de la prensa escrita, ¿de qué serviría? En su respuesta, el poeta y cuentista comenta que piensa mucho en hechos significativos de la ciudad como su centenario cumplido hace una década o la demolición de la antigua presidencia municipal y la edificación de la nueva. Los procesos que implicaron, indica, seguramente están repartidos como pequeñas notas en los diarios locales, pero si los periódicos tuvieran un cronista habría un retrato muy fiel de cómo la ciudad pasó por estos hechos importantes en su vida.

Si la prensa piensa en su importancia como registro de la cotidianidad, su condición de historia del presente, reflexiona, empezaría a transformar el papel que está jugando en la sociedad.

A los medios de comunicación masiva se le asignan, tradicionalmente, tres tareas: informar, divertir y orientar. Una crónica bien hecha, explica, cumple con esas tres funciones.

Según el escritor torreonense, si la competencia instantánea de las redes sociales y los medios digitales amenaza la vida de los rotativos, la crónica podría aumentar el mucho o poco tiempo de vida que le queda al periodismo escrito, esa gema del siglo XIX en México, podría ser el último tanque de oxígeno para la prensa de papel en el XXI.

Un obra referencial

Cronistas, historiadores y crónicas, el título más reciente de Saúl Rosales está disponible en la librería El Astillero ubicada en avenida Morelos 599 poniente, colonia Centro. Cuesta 150 pesos y contiene, además de reflexiones sobre el oficio del testigo vidente, 26 textos o momentos de la vida en Torreón, presencias como las de Carlos Monsiváis, Luis Donaldo Colosio y Andrés Manuel López Obrador, una jornada electoral como representante del Partido Mexicano de los Trabajadores, la necesidad de aplausos de los políticos y los aplausos de necesidad del público acarreado, entre otras instantáneas.

Maestro

Cronista: oficio de instantáneas. Saúl Rosales ha escrito crónica:

⇒ Para diferentes medios de comunicación.

⇒ Es colaborador de la revista Siglo Nuevo.

⇒ Autor de más de una veintena de libros.

⇒ Maestro universitario y tallerista.

Más información en https://www.elsiglodetorreon.com.mx

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1410138.saul-rosales-de-oficio-testigo.html

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