Sexto Piso es una editorial [...]

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Las otras formas editoriales

Sexto Piso es una editorial “sui géneris”. En su casa de París 35-A, en el barrio Del Carmen, en Coyoacán, no hay diseñadores trabajando afanosos en los esquemas de los libros que saldrán en cada una de las seis colecciones que tiene; tampoco un gran equipo de personas diseñando estrategias de marketing, colocación o distribución de los títulos, ni suenan enloquecidos los teléfonos de la oficina ni los celulares ni hay montones de libros ni grandes libreros de exhibición ni cajas apiladas con las novedades.

En esa casa alargada que apenas tiene unos cuatro metros de ancho por al menos 20 metros de fondo, cuyas oficinas se distribuyen en dos plantas y tiene un tercer nivel con una minioficina y terraza, se cocinan entre 40 y 50 novedades y entre 10 y 15 reimpresiones al año, que al cabo de 15 años han conformado “un catálogo de 420 y pico títulos”, asegura Diego Rabasa, uno de los editores fundadores de esta empresa singular.

Sexto Piso, la editorial que ha publicado en México la obra de autores desconocidos que se han vuelto imprescindibles para el mercado en español, como Goran Pretovic y Etgar Keret, trabaja con poca gente porque incluso escasean las computadoras. En un día normal está uno de los editores, la jefa de producción, la persona de ventas y la de contabilidad, la chica de marketing digital y la que lleva el contacto con la prensa y organiza las presentaciones de libros, pero no hay casi nadie más.

Diego Rabasa asegura que el reto ahora, tras celebrar modestamente su 15 aniversario de vida, “es lograr un equilibro financiero que nos permita sostener este aparato que sin duda ya no es chico y ya es más bien como mediano”, señala refiriéndose a esta editorial mexicana independiente fundada en 2002 en la Ciudad de México, que tiene una filial en España desde 2005; que distribuye libros de 16 sellos editoriales de España, Argentina, Chile y México; que edita la revista “Reporte Sexto Piso”, de distribución gratuita en librerías y museos; y que organiza el Diplomado de Edición.

Sexto Piso ya no es una editorial chica, sino mediana que en su 15 aniversario tiene el reto de encontrar un modelo financiero y empresarial que soporte a esa fortaleza editorial y un catálogo cada vez más amplio que se distribuye en México, Colombia, Chile, Argentina, Venezuela y España; y que tiene fichados a autores como Etgar Keret, Goran Petrovic, Liao Yiwu, Robert Musil, Noam Chomsky, Morris Berman, Claudio Magris y Mircea Cartarescu, entre muchos más.

En esta editorial que ha revolucionado la forma de editar en México, que no tiene diseñadores ni formadores, pues trabaja con un despacho que le hace todo el proceso y conoce las características particulares de cada una de las seis colecciones que edita Sexto Piso, trata de mantener un catálogo con una combinación de autores clásicos con autores contemporáneos sin perder su personalidad e identidad.

“El reto principal de una editorial como la nuestra, ahora, es encontrar la manera de seguir conservando frescura, lo cual sólo se puede lograr con nuevas voces, con nuevos proyectos editoriales, quizás con nuevos géneros que no se han abordado; y consistencia, es decir, seguir trabajando las mismas líneas editoriales y seguirlo haciendo bien”, dice Rabasa.

Aunque diseñan los libros fuera, la cocina de cada título se hace en esa casa de dos plantas con jardín, fuente y barda tapiada, una de las cuatro casas alargadas de París 35. En una pequeña oficina, donde destacan mecanuscritos guardados en bolsas de plástico, trabaja Rebeca Martínez, la encargada de producción de Sexto Piso.

“Veo los textos desde que llegan en word sin corregir y sucios, hasta el libro final que llega a nuestro almacén. Veo toda la revisión de los textos, toda la revisión no la hago yo, la hace un despacho que se dedica al diseño editorial, pero me toca toda la supervisión de que el libro esté bien formado, tenga las características de todas nuestras colecciones y también mandarlo a imprenta, todas las pruebas de colores, si lleva solapa o no, si es tapa dura, rústica, qué tipo de papel, si es en color o no; también una parte de mi trabajo es traer nuestros libros desde España”, asegura.

Sexto Piso lo hace un equipo joven, no sólo los editores que comenzaron universitarios cuando fundaron la editorial, sino los encargados de producción, marketing y prensa que tienen máximo dos años dentro de la empresa, pero que ya se declaran fieles impulsores de esta casa editorial mexicana que mantiene su logotipo de un hombrecito que se tira desde el sexto piso en caída libre.

Rebeca Martínez tiene dos años en la editorial y un compromiso extremo de cuidar mucho la calidad de la encuadernación, el cosido de los libros, la calidad de los papeles y de la impresión. “No es muy fácil estar cambiando de imprenta, más bien hay que establecer una relación muy cercana con ellas, así ya saben qué tanto color nos gusta, qué tanta saturación, qué tanto pegamento hay que ponerle, cómo hay que hacer el doblez, que si la cañuela está bien así o no”.

Cada libro de Sexto Piso es una apuesta que se discute en la editorial, la diferencia es que aquí se discute mientras comen en la cocina de la casa, mientras se preparan un buen café en la estufa de azulejos. Lo sabe Anaïs Lazerges, la chica francesa encargada de prensa y difusión que tiene poco más de un año en la editorial y unos cinco viviendo en México. Dice que los encuentros de promoción de los autores con los lectores son distintos intentos de hacer atractivas las propuestas; a ello también obedecen los vínculos con festivales, galerías, museos y centros culturales.

“Pensamos que todas las disciplinas culturales están vinculadas; que, por ejemplo, un aficionado al arte va a poder encontrar contenidos que le interesen en los libros de Sexto Piso, igual que un aficionado al cine; pensamos que en el público de la cultura en general puede encontrarse un lector de Sexto Piso. Tenemos una gran variedad de temas en el catálogo, así la idea de esas alianzas es dar a conocer nuestros libros a personas que no necesariamente conocen a los autores, pero a quienes les podría gustar porque son autores que tocan otros temas”, asegura Lazenges.

Vínculos culturales

Aunque no son la única editorial en hacerlo sí es la más arriesgada. Sexto Piso tiene lazos con galerías como Kurimanzuto, con festivales como Ambulante y este año con Marvin; con instituciones como la Cineteca Nacional, donde presentaron con gran éxito “Tuberías”, el libro de Keret, y enlazaron en él sus dos vocaciones, la de guionista y narrador.

La más joven de los que trabajan en Sexto Piso es Natalia Lecuona, encargada de diseño y marketing digital, quien apenas tiene unos 10 meses en la editorial luego de que la ficharon en Ambulante. Ella realiza todo el material de difusión, impreso y digital. Hace flyers, folletos, trípticos, invitaciones, gifs y un poco de video.

“También me encargo de generar estrategias para poder vender por Internet y de administrar la página web. Lo que se pretende es que haya una concordancia entre la línea editorial y la manera en que hacemos difusión. La línea editorial es muy arriesgada en cuanto a autores, a títulos, e igual pretendemos que el diseño y todas las promociones de marketing que hagamos también sean un poco más arriesgadas”, afirma Natalia, una de los 34 trabajadores de Sexto Piso.

“Ahorita somos 38 entre España y México, contando la filial, la editorial y la distribuidora”, afirma Diego Rabasa, quien recuerda que nacieron inspirados en editoriales como Siruela y especialmente Adelphi de Roberto Calasso; la diferencia con esa editorial italiana es que en México hay pocas librerías y en las ferias las presentaciones son insuficientes. “Eso hace imprescindible comenzar a mezclar vínculos interdisciplinarios con el arte, con el cine, con la música; generar nuestros propios espacios, hacemos dos o tres eventos que van creciendo junto con la venta de libros y la formación de una comunidad”, explica Rabasa.

A la pregunta que cómo han sido estos 15 años, Diego responde: “Los siento como años perro, siento como si fueran 70″. Luego, serio, asegura que desde el principio “hicimos casi todo mal, pero una de las cosas que hicimos bien fue ubicar nuestros referentes literarios y tratar de avanzar hacia ellos. Teníamos mucha adoración por editoriales que tenían ese esmero y ese cuidado por la presentación física y por el libro objeto” y con esa misma adoración y esmero Sexto Piso sigue haciendo libros.

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